Aviones sobrevolando un monstruo

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Lo primero que leí acerca de Aviones sobrevolando un monstruo, el nuevo libro de este escritor mexicano, a quien conocía de una novela que publicó con la Editorial Sexto Piso, fue que danzaba cadenciosamente entre la crónica, la autobiografía y la narración.

 

Y esa combinación –tan cercana a las ideas de Enrique Vila-Matas– me resulta absolutamente atractiva y literaria.

 

En los días en los que me hacía de Aviones sobrevolando un monstruo también me topé con un comentario de un novelista norteño que se quejaba de un pasaje en el que el autor, en compañía de un par de amigos, contemplaba el paso de los aviones desde una azotea chilanga una vez que compartieron un cuadrito de LSD.

 

Tal fragmento le parecía al desértico lector algo muy hípster. Lo dejé simplemente como una acotación.

 

Luego incursioné al interior de Aviones sobrevolando un monstruo, que supuso la llegada de Daniel Saldaña París (Cd. Mx, 1984) a la Editorial Anagrama, para irme dando cuenta de que se apegaba más bien a la crónica salpimentada con detalles propios del ensayo, al momento de referirse a otros libros, personajes y acontecimientos.

 

Muy pronto me di cuenta de que la obra va de menos a más y tras la lectura acerca de una estancia en Cuernavaca, que nos hace reparar en la belleza legendaria de María Asúnsolo, una mujer que protagonizó un rol muy importante en el arte mexicano del siglo XX, las cosas iban subiendo de intensidad y ofrecía un texto dedicado a La Habana en el que es de esperarse que brote la fogosidad de la carne, que haya excesos, pero que obtiene personalidad.

 

ENTRE AVIONES Y CIUDADES

 

Al colocarnos delante de un hombre que escribe ubicado en La Habana vieja y que debe recomenzar a puño y letra las veces que sean necesarias la reescritura acerca de su estancia y los acontecimientos. ¡En algún momento debía asomar Lezama Lima!

 

Lo siguiente se remonta a un periodo de residencia en Montreal, al que titula Un invierno bajo tierra.

 

El autor llega a la ciudad canadiense para acompañar a su novia que estudiará el doctorado y tratando de dejar atrás el bloqueo creativo.

 

Un accidente doméstico lo pondrá delante de un frasco de pastillas de morfina a las que habrá de limar para usarlas vía anal y hacerlas rendir.

 

Al verse enganchado, se cura a puro valor mexicano, pero termina asistiendo a diversos grupos de Narcóticos Anónimos en los que se topa con catedráticos, amas de casa e incluso un ladrón profesional de bancos.

 

Aprovecha sus caminatas para convertirse en un perseguidor del escritor de culto Réjean Ducharme (quien fallece casi al final de la crónica) y compartirnos cómo es que las bibliotecas se convierten en una especie de guarida para todo tipo de junkies.

 

Reconozco en Saldaña París ese tremendo instinto de narrador, que incluso en el texto introductorio se regodea en la naturaleza del material que conforma este libro y para ello cita al poeta Antonio Machado: “Se miente más de la cuenta/ por falta de fantasía/ también la verdad se inventa”.

 

Aviones sobrevolando un monstruo es un libro breve, contundente y delicioso para todos aquellos amantes de las ciudades, los viajes, ciertos excesos y muchos extravíos existenciales; amantes de la vida, que les llaman.

 

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jjh