Las posibilidades del odio: 30 años de la cumbre del ruido

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Las posibilidades del odio: 30 años de la cumbre del ruido.

Las posibilidades del odio, columna de Juan Carlos Hidalgo.

 

Hay momentos en los que el arte avanza a través de obras que suponen una ruptura con las tendencias imperantes; que son un punto de inflexión al respecto de las estéticas predominantes y que representan un brusco viraje del flujo imperante.

 

Uno de esos álbumes históricos es el Loveless del grupo irlandés My Bloody Valentine y del que se cumplen tres décadas de su aparición.

 

Se trata de 11 canciones que marcaron el advenimiento de lo que se llamaría shoegaze y luego de la llegada del post-rock.

 

Nos encontramos antes una maraña construida con guitarras eléctricas que tiene debajo melodías de esencia pop y que son camufladas hasta hacerlas poco perceptibles.

 

La idea era crear una tormenta de guitarreo poderoso mediante el uso de pedales hasta llegar a pasajes en los que el ruido y el feedback brillaran.

 

En 1991 tuve oportunidad de hacer un breve viaje a Londres y aún al día de hoy no puedo olvidar el epifánico momento de instalarme en la Virgin Megastore de Picadilly Circus y concentrarme en la búsqueda de las propuestas más excitantes.

 

Y debo decir que justo en ese momento ya circulaban el Scremadelica de Primal Scream y Blood de This Mortal Coil, que apuntaban a rumbos muy distintos, pero igual de atractivos.

 

Una característica de obras que se vuelven muy influyentes es que en el momento justo de su aparición son desconcertantes y Loveless lo era mediante joyas estruendosas como “When You Sleep” y “Only Shallow”.

 

 

En las que se imponía la distorsión por sobre ritmos sencillos.

 

ESTRUCTURAS, RÍTMICAS, RUIDOS

 

Sus estructuras son sinuosas y con esas altas y bajas tan típicas del shoegaze, que debe su nombre al hecho de tocar mirándose los zapatos.

 

En aquel entonces la Neopsicodelia estaba en lo más alto y los Primal Scream buscaban maridar al indie con la electrónica y el soul, pero la banda de Kevin Shields iba por otra parte y buscaba lo que la prensa especializada describió como: “la materialización sónica del éxtasis”.

 

Editado por Creation Records, aquel álbum -el segundo en la carrera de la banda- se convirtió en una obra de culto y potenció los devaneos de un grupo de artistas que se negaron a la fama.

 

Durante muchos años se refugiaron ellos mismos en el “Wall of sound” de sus composiciones.

 

My Bloody Valentine dieron un uso muy distinto al sampler y lo encauzaron a procesar riffs y retorcer todavía más al feedback.

 

Kevin Shields contó que buscaba que la música fuera una experiencia física que casi llegara a verse o tocarse. Intentó que las ondas sonoras acometieran sobre el escucha.

 

Al día de hoy, una canción como “Soon” -que cierra el disco- se muestra completamente visionaria en esa danza entre la Neopsicodelia y el hip hop y el infaltable guitarreo.

 

 

Todavía es un viaje dejarse llevar por el canto dormilón de Bilinda Butcher en cuatro canciones, además de extraviarse entre loops rebuscados y atmósferas crepitantes.

 

Loveless se publicó el 4 de noviembre de 1991, muy poquito después del Nevermind de Nirvana, y arribó para marcar la historia de la música a finales del Siglo XX.

 

Una obra cumbre que debe ser aquilatada en su justo valor.

 

Por si te la perdiste: Aviones sobrevolando un monstruo

 

 

jjh