Max Richter y el sueño – Las posibilidades del odio – Réplica

Suelo escuchar álbumes completos y busco además dejarlos correr mientras me explayo en la lectura de algún libro; son muchas ocasiones en las tras un lapso de tiempo sobreviene un placentero sueño, y tomó una siesta mientras un disco transcurre de principio a fin. Me parece una experiencia fantástica… la música permea mientras yo duermo. Incluso me han preguntado cómo es que puedo dormir con el volumen alto… no tengo una respuesta clara; simplemente puedo hacerlo y lo disfruto.

 

Pienso en ello debido al estreno de una de las más recientes incursiones de un músico extraordinario. Nacido durante 1966 en Hamelin, Alemania -tierra de la leyenda del flautista-, y criado en Inglaterra, ha sabido fusionar una parte experimental y minimalista con lo que podemos denominar música clásica contemporánea. ¡Y se ha convertido en una celebridad componiendo para series y películas!

 

Debo apuntar que me enganché a él con una obra del 2017, Three Worlds: Music from Woolf Works, donde se inspiró en el enorme universo poético de Virginia Woolf. Aunque ya había escuchado la elegante y fina manera de acercarse a un icono de la historia musical en Recomposed by Max Richter: Vivaldi – The Four Seasons (2012). Tardíamente me di cuenta que él también se había encargado de la banda sonora de la película Vals for Bashir.

 

Richter ha trabajado para ballet y danza contemporánea, musicalizó textos de Murakami y filmes silentes de Derek Jarman, entre muchísimos otros proyectos igual de exquisitos y fascinantes; por ejemplo, la música para las series The Leftlovers y Black Mirror.

 

MAX RICHTER, O EL ARTE DE HACER SOÑAR

 

El compositor ha señalado que ciertos encargos industriales le permiten tener una estabilidad económica, gracias a la cual puede emprender otras iniciativas más arriesgadas estéticamente, como la que ahora se presenta resumida en un documental o en una crónica filmada -para ser más precisos-.

 

Max Richter’s Sleep da cuenta de la experiencia que ofreció durante el 2018 en un concierto en el Grand Park de Los Ángeles; un magnífico montaje al aire libre en el que interpretó una pieza de más de 200 movimientos para un público cómodamente acostado y cobijado, y al que se deseaba hacer dormir, como premisa básica.

 

Aquello duró ocho horas en una noche de luna llena y fue registrado por la directora Natalie Johns, quien ha colaborado con Morrissey y Annie Lennox. Para concebir tal experiencia inmersiva previamente trabajó con el neurocientífico Davin Eagleman, autor de los libros de ensayo Incógnito y El cerebro (ambos editados por Anagrama).

 

Max reprodujo tal experiencia en algunas otras ciudades, como Sidney y Amberes, de donde también se presentan imágenes en la pieza audiovisual, acompañadas de intervenciones del público asistente, del compositor y de Yulia Mahr, cineasta, socia y esposa de Richter.

 

Max Richter’s Sleep está incluido en el Atlántida Film Fest, que organiza la plataforma Filmin con una estructura híbrida – online y semipresencial-, y ahí puede ser vista una puesta en escena en la que destaca la participación de la soprano Grace Davidson, quien tiene pasajes estupendos, cobijada por ese delicado equilibrio entre tradición y modernidad y el anhelo de inducir al sueño.

 

OTROS MATERIALES EXCELSOS

 

Por supuesto que recomiendo buscar este documento, pero también se encuentra disponible Voyager (2019), que es una recopilación de excelsos y diversos materiales de su extensa producción discográfica; con cualquiera de los dos se puede intentar esa placentera incursión hacia el reino de Morfeo… porque soñar es vivir dos veces y con música se multiplica todavía más la experiencia.

 

Aquí puedes ver este documental de ocho horas, grabado en vivo en Australia:

 

 

jjh