Polémica entre Residente y J. Balvin, otros apuntes

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Las posibilidades del odio. Juan Carlos Hidalgo.

A J. Balvin se le ocurrió hacer un llamado para que los artistas nominados realicen un boicot a la ceremonia de los Premios Grammy de este año. Una proclama que en sí misma ya es un contrasentido de parte de un artista tan pasteurizado y de laboratorio como lo es el colombiano, que hace reguetón pop y no otra cosa; un batiburrillo en el que no existe cualquier implicación social o política explícita.

 

A continuación, el puertorriqueño Residente arremetió evidenciando la baja calidad de la música de Balvin, señalando que no llamó a boicotear el año pasado –cuando tuvo 13 nominaciones– y terminó comparando las canciones del colombiano con la idea de que semejan hot-dogs de carrito callejero, mientras que afirmó que en los Grammy se premia a platillos de restaurante de alto nivel.

 

Y es aquí donde se equivoca el miembro de Calle 13; la música que se premia en los Grammy dista muchísimo de ser equiparable a la alta cocina. El material que le interesa a la organización, en muchos de los casos, semeja también a la comida callejera de la más baja estofa; no serían hot-dogs de puesto callejero, sino de los que uno mismo arma en una tienda de conveniencia.

 

Los Grammy son una institución caduca y podrida que no opta por la música de verdadera calidad… se limitan a elegir productos industriales destinados a obnubilar a las masas, un sector que en modo alguno se distingue por tener un paladar sonoro muy desarrollado. Mucho de lo que se galardona en los Grammy es similar a la comida chatarra.

 

Si miramos a las pesquisas de las mejores listas gastronómicas –como la de la influyente revista Restaurant– nos daremos cuenta que casi todos los años premian a lugares que son una auténtica revelación, un descubrimiento sorpresivo. Muchos de esos sitios delicatessen están incluso en pequeñas poblaciones poco conocidas y atienden a un público muy pequeño. Nada que ver con el comparativo con los Grammy, que sólo ofrecen platos provenientes de restaurantes de franquicia y completamente genéricos.

 

Aunque Residente es un tipo mucho más lúcido que Balvin, tampoco es que sea un guerrillero anti-establishment. Si piensa que en los Grammy abundan las exquisiteces musicales, está completamente equivocado; resultan como una convención de operadores de restaurantes de cadena que se dispersan por el planeta entero, pero que muy poco tienen que ver con la alta gastronomía sonora –para continuar con dichos símiles–.

 

¿Cuándo en los Grammy aparecería algo comparable con la gastronomía molecular? ¿A la industria le interesa el desarrollo de técnicas de vanguardia no aptas para todo tipo de comensales? Si algo han trabajado en los Grammy es en tratar de estandarizar el gusto de los escuchas de cada segmento territorial dictado por la mercadotecnia.

 

Grandísimos chefs como Anthony Bourdain Jamie Oliver, Gordon Ramsey y David Chang, entre tantos otros, jamás han dejado de alabar a la verdadera comida callejera y su cultura, que es de donde procederían tantos los hot-dogs –algunos de sabor formidable– como el auténtico reguetón –abanderado por Tego Calderón y su combatividad incómoda–.

 

J. Balvin es un mercader, una marca muy exitosa; Residente es un gran músico con un manejo del lenguaje notable. El colombiano falla al intentar hacerse pasar por lo que no es e intentar levantar polémica. El puertorriqueño no entiende de comida… ni de la de restaurantes de alta cocina ni de la que ser sirve a pie de calle –como la tailandesa que es una maravilla–.

 

Una vez más la opinología colmó los medios… lástima que no echen a andar el cerebro antes de soltar una andanada de sinsentidos. ¡Tamaño despropósito el de ambos!

 

Hace una semana: El Fútbol Americano hecho novela – Las posibilidades del odio

 

 

jjh