El Parián de Pachuca, ese espacio vivo para coleccionar (VIDEO)

El Parián, un mercado que no sólo acumula chácharas o cachivaches sino también historias, recuerdos y sobre todo retazos de vidas que tienden a reciclarse en la ciudad
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…Hay algo extraño en todo este ambiente
cosas usadas con olor a gente…

“Busco algo barato”

Mecano.

 

A lo largo de su historia, la cual cuenta ya más de tres décadas, en El Parián de Pachuca han florecido toda clase de anécdotas, desde las que narran su apertura como resultado de la necesidad de un grupo de comerciantes de contar con un espacio de venta, hasta aquellas donde ladrones y demás delincuentes pasaban por aquí para ofrecer cosas robadas.

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El Parián de la capital hidalguense, que retoma su nombre de un arcaico mercado construido hacia el muy lejano año de 1700 en el zócalo de la Ciudad de México, durante el Virreinato, no luce tan distinto luego de más de 30 años de existencia, pues la llegada de la modernidad parece no afectarle.

Enclavado en una zona cercana al centro de Pachuca, ahí donde se erige el Reloj Monumental, este sitio de compra-venta da testimonio de toda clase de objetos que, de mano en mano, formaron parte de posesiones personales que a la postre siguen cambiando de dueños.

Entre los muebles y los dependientes,
he visto un cuadro, he visto unos pendientes,
un cementerio de cosas de gran valor…

TESTIMONIOS SOBRE SU APERTURA

Israel García, conocido por sus amigos como “El Gato”, es uno de los fundadores de este mercado de antigüedades, quien desde su negocio “El eslabón perdido” recuerda los primeros años. “El Parián fue construido en la década de los 80 por (el entonces gobernador) Guilermo Rosell de la Lama”, pero permaneció sin movimiento y auge mucho tiempo, por lo que en la década de los 90 se realizó la invitación abierta para que las personas aprovecharan este tianguis para la venta los sábados y domingos.

Comenzó entonces como un sitio especializado en las antigüedades: muebles, libros, pinturas, fotografías, “todo aquello que tuviera que ver con la remembranza de Pachuca y luego con la llegada de otras personas se convirtió ya en un bazar”, recuerda Israel, quien es especialista en discografías y textos viejos, aunque vende toda clase de cosas.

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Sus clientes son variados y provienen desde distintos puntos de la geografía hidalguense e inclusive de la propia Ciudad de México, ya que el tipo de productos que se mueven aquí atrae a todo tipo de interesados en el pasado.

Doña Maricela Martínez es una maestra jubilada, quien ahora busca compartir su pasión por la numismática, el arte de coleccionar monedas y billetes. Narra para Réplica que, en sus años de compra e intercambios, a sus manos han llegado toda clase de rarezas, como unas monedas datadas en el año 300 antes de Cristo y muestra con orgullo un par de billetes del periodo de la Revolución Mexicana.

“Yo ofrezco monedas de algunas partes del mundo y de México, lo más raro que he tenido han sido los reales y unas monedas del año 300 antes de Cristo y luego vienen las monedas romanas y las españolas, todo eso nos da conocimiento”, afirma con la sabiduría de quien conoce a fondo su negocio, uno en el que lleva más de 15 años.

Abigaín Cano afirma que en su caso comenzó a acudir a El Parián como cliente, hace más de 15 años; “antes era un importante mercado de antigüedades, todavía se venden pero ya en menor escala y todos cuentan que aquí era la Central de Autobuses de la empresa Flecha Roja, de los primeros autobuses que iban a la Ciudad de México”.

Expone que luego el gobierno decidió construir los locales y formar el mercado en sí, al que acudía para conformar sus propias colecciones; “compraba sobre todo juguetes”, pero se quedó sin trabajo, por lo que decidió elaborar artesanías, las cuales hace por series que le toman hasta una semana, pues sus réplicas de autobuses, que realiza con materiales como resinas, están perfectamente detallados y con los que ahora hace que quien los compra emprenda un auténtico viaje al pasado.

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Con jornadas, en algunos casos de hasta 12 horas, los comerciantes de El Parián abren las puertas de sus locales y puestos de sol a sol, con el objetivo no sólo de generar ganancias sino que la sociedad en general conozca y obtenga una pieza de la historia, esa que va de un hogar a otro forjando sueños y realidades, tesoros invaluables que a veces deben ser rematados ante el enemigo común que es la ignorancia.

Busco, busco, busco entre los trapos,
busco, busco, busco algo barato,
busco, busco, busco unos zapatos.

RESURGIR ANTE UNA PANDEMIA

Como las historias, como el reciclaje de objetos y cosas e ilusiones, hoy El Parián vuelve a la carga y reabre sus puertas, porque como a todos los negocios y comercios la pandemia de Covid-19 lo cerró; las afectaciones para los comerciantes de este espacio fueron muchas y no sólo para ellos sino para todas las familias que dependen de estas actividades.

En la mayoría de los casos los confinó a no exhibir sus productos, con pérdidas que significaron graves dificultades económicas; sin embargo, la enfermedad, el nuevo virus mortal, también les representó una oportunidad para conocer y aprovechar tecnologías, algunos desde sus teléfonos, otros desde páginas personales y redes sociales, con estrategias virtuales de venta que les permitieron mantener o conseguir otros clientes.

Como una especie de ave fénix El Parián “vuelve a las andadas” siempre con algo que ofrecer; hoy por supuesto es invadido por la tecnología: los cables, autoestéreos, teléfonos celulares, computadoras… transacción o reparación, pero lo cierto es que siempre habrá algo interesante que hallar en este espacio. Lo importante es acudir con la mente abierta y la convicción de que algo ahí siempre nos espera; no importa si tan sólo se trata de una historia contada por quienes dan vida a este mercado… ahí también pervive un gran tesoro.