La historieta… de mi vida; una charla con Alejandro Rodríguez “Roma” (VIDEO).

La historieta… de mi vida; una charla con Alejandro Rodríguez “Roma” (VIDEO)

Hidalguense por convicción, este personaje cuenta a Réplica su paso y ascenso por las mejores editoriales de México, como pieza de un imperio que tuvo auge e influencia, pero también decadencia y dolor (PRIMERA PARTE)
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Platicar con Alejandro Rodríguez Martínez, conocido en el mundo de la historieta y la caricatura política como “Roma”, es ahondar en un pasado que se niega a irse; un pretérito que hace honor a una vieja escuela hoy casi extinta.

 

El tiempo es vergonzoso,
todos estamos viendo cómo las cosas se desmoronan
y el silencio parece un desperdicio,
pero sé lo que viene para mí en la oscuridad.

“Young again”-Paul Banks.

 

Y es que para Roma el mundo de la historieta en México sentó las bases de una realidad cuyo éxito mayor fueron ediciones como “El Libro Vaquero” o “El Libro Policiaco de Color”, armadas desde los restiradores y las mesas de redacción.

El Libro Policiaco de Color, una historieta que dibujaba en exclusiva Roma.

El Libro Policiaco de Color, una historieta que dibujaba en exclusiva Roma.

A este personaje, hidalguense ya por convicción y decisión, pues nació en San Luis Potosí, cuya trayectoria abarca alrededor de 45 años, la vida lo golpeó desde pequeño de diferentes modos.

 

Sin embargo, esas mismas caídas, esos mismos demonios, le permitieron conducirse por un sendero con luz propia, en el que llegó a brillar a escala nacional.

 

Los dibujantes nacen, afirma Roma mientras mira a su alrededor como en la búsqueda de algún punto al cual asirse, mientras los recuerdos van surgiendo en él de manera natural.

 

APROXIMARSE A LA HISTORIETA

 

Porque soy joven, otra vez
muchas gracias (muchas),
me siento joven otra vez,
soy joven otra vez.

 

A leguas es notable que su llegada al orbe de la historieta no fue fortuito, sino resultado de esa misma pasión y trabajo, un empeño que le costó todo un año de aprendizajes para convencer a su primer patrón de que “ya no estaba verde” y su dibujo rifaba.

 

Eran los años 70, la economía nacional era otra y los anhelos de aquel joven construían además posibilidades de escalar, en un universo que crecía como contagio de las tiras cómicas provenientes de Estados Unidos.

 

“Ganaba bien, pero no estaba preparado para el éxito”, dice sin pausas cuando habla de su paso por las editoriales más importantes del país, como Novedades Editores, Ejea, Mango-Toukan o Continente, cuyas publicaciones abarrotaban los puestos de revistas.

 

Aquí puedes ver la entrevista con Roma:

 

“El Libro Vaquero” llegó a tirar hasta 1 millón de ejemplares a la semana en sus buenos tiempos, era lo que comentaban sus productores, porque en realidad esta cifra seguro fue mucho mayor, pero no se querían pagar impuestos ni regalías.

 

La mano firme de Roma dio color y vida a aquellas páginas que, desde su propia trinchera, formaron lectores.

 

FORMADORA DE LECTORES

 

Porque soy joven, otra vez
muchas gracias (muchas),
me siento joven otra vez,
soy joven otra vez.

Sigue sin entender cómo es que organismos como la Secretaría de Educación Pública (SEP) no quisieron invertir en proyectos de historieta que retrataran la vida de los personajes importantes de México.

 

Historia, biografías, leyendas, ¡EDUCACIÓN!, todo eso y mucho más pudo llevarse a los mexicanos, a las aulas, a través de la historieta, pero no fue así.

Porque el mexicano, contrario a lo que digan las estadísticas, es un buen lector, afirma Roma; “lo que pasa es que hay que ver bien qué lee, pero sí lee historietas”.

 

De ahí que, en su momento, tomara la decisión de crear su propia empresa, donde era como “el hombre orquesta; yo mismo dibujaba, hacía los diálogos, imprimía” y, claro, promovía este trabajo hasta en las escuelas.

 

Pero, como siempre, donde hay un buen proyecto también suele haber corrupción, pues la cadena educativa permanece siempre hambrienta y exige: pagos, favores, porcentajes de las ventas.

 

LOS DEMONIOS, LA CAÍDA DE ROMA

 

Los trabajos son vergonzosos,
hacen tic-tac como el sufrimiento de un reloj,
dimensioné mi potencial,
simplemente parece pequeño en la caja equivocada.

 

La curiosidad habita la mirada de este hombre, siempre atento a lo que ocurre afuera, quizá factor obligatorio para reflejar en el papel la realidad, por muy cruenta que sea.

 

Su empresa, que tenía proyecciones internacionales, quebró porque no la supo ni pudo administrar, porque el dinero transforma y para algunos es hasta un riesgo incluso de salud.

 

“Me pasó lo que a los boxeadores del barrio, los que no tienen ni siquiera escuela, lo único que saben es tirar golpes; un día los descubre un promotor, los hace campeones y ganan millones”, pero no saben qué hacer con tanto dinero.

 

Roma abre su coraza, ese caparazón que parece protegerlo, pero sobre todo haberlo curtido; el barrio enseña, pero siempre deja cicatrices. Cuenta su historia, una que deriva de ese fugaz éxito, pero que acabó en cantinas y calles.

Roma cayó, como el imperio de la historieta, debido al alcohol y a la falta de una guía que le acompañara durante el éxito.

Roma cayó, como el imperio de la historieta, debido al alcohol y a la falta de una guía que le acompañara durante el éxito.

“Me enfermé de alcohol”, suelta a botepronto el dibujante, quien (como muchos) tuvo que tocar fondo hasta sentir de cerca la muerte, para decidir abandonar el vicio y cambiar su forma de vida.

 

En la historieta, Alejandro encontró también la salvación. Tampoco podía creer que de pronto (en el año de 1982), entre todas las estrellas del firmamento, viniendo de la nada lograra un Tlacuilo de Oro, premio nacional.

 

“Todavía lo tengo y me lo entregó Mario Moreno (Cantinflas)”, recrea ese momento en el que el gran cómico de México le dio dicho reconocimiento por su trabajo.

 

EL AUGE Y OTROS FACTORES

 

Soy joven otra vez,
me siento joven otra vez,
gracias por mi lugar.

 

La década de los 80 del siglo pasado, fue la más contundente para la historieta mexicana, cuenta Roma, aparejada con la propia evolución de la prensa escrita, pues acompañaba a la población, casi sin importar la condición socioeconómica.

 

Existe quien data este nacimiento nacional en las décadas de los 40 o 50, inclusive hay quien aventura a que es mucho más antigua, hasta los códices y catecismos náhuatl; pero esa es otra historia.

 

Lo cierto es que Alejandro Rodríguez vivió y padeció las delicias y los fantasmas de los también llamados “monitos”, que en realidad son mucho más que eso, pues plasman ideologías, formas de vida; “lágrimas y risas” de la voz del pueblo.

 

Una tragedia en esta historia es que “en México no existe una escuela de historieta, y menos de caricatura política”, por lo que este aprendizaje se daba prácticamente por influencia y recomendación con quienes ya llevaban años en esa chamba.

Pese a todo, Alejandro sigue trabajando y colaborando para diversos proyectos, que busca concretar.

Pese a todo, Alejandro sigue trabajando y colaborando para diversos proyectos, que busca concretar.

“Todos los que nos hicimos en ese tiempo éramos dibujantes de taller, aprendimos en el error y en el acierto; había muchos titulados como artistas plásticos, otros eran egresados de la Academia de San Carlos”.

 

Roma forma parte de esa gran mayoría forjada en el taller, en el estudio de otro dibujante, porque así funcionaba en ese entonces.

 

De esta experiencia aprendió los trucos, los secretos de la historieta, pero también “lo malo”: gastarse todo el salario de la semana en la botella.

 

Aunado a que “en México jamás se le dio importancia a la historieta y eso fue lo que acabó con nosotros”, pese al auge que este instrumento tuvo por varias décadas.

 

CAMINOS PARA PERMANECER

 

Llévame tan lejos,
me necesitas hasta ahora.

 

Al dibujante hay que encauzarlo, llevarlo por el buen camino, porque es una profesión muy demandante, que requiere disciplina y una vez entrando en ese rol no hay forma de detenerlo.

 

“Era una esclavitud, trabajábamos 14 o hasta 16 horas diarias, y a veces nos teníamos que desvelar para entregar el trabajo al siguiente día”.

 

Como sea, la imaginación y el talento de este artista del dibujo lo han llevado por diversos caminos, amplios horizontes que le ayudaron a edificar su propio rumbo y su propia historieta de vida.

 

Las regalías tampoco llegaron, los millones se esfumaron, los sueños fueron truncados… pero el arte continúa.

 

Así como continuará esta historia porque, dicen, todos los caminos conducen a Roma; en una siguiente entrega, donde hablará de la caricatura política y de otras tantas experiencias para Réplica y sus lectores.

 

Este reportaje se acompaña de la rola “Young again” del cantante inglés-estadunidense Paul Banks; aquí la puedes escuchar mientras lees:

 

Para volver a leer: El reencuentro con la trova; una mar de voces y recuerdos aún vivos (VIDEO)