La tía Mary: 100 años de vida, amor y felicidad, en la ciudad de Pachuca.

La tía Mary: 100 años de vida, amor y felicidad, en la ciudad de Pachuca

Extraordinaria como pocas mujeres esta abuelita recién festejó su cumpleaños, acompañada de sus seres queridos; entre tragos de tequila, un cigarrito y todos los recuerdos acumulados como testimonio de existencia
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A sus 100 años de existencia María Montes Ramírez, o la tía Mary como la conocen de cariño, es un ejemplo de lucha, de vida, pero sobre todo de felicidad.

 

Pasaste a mi lado,
con cruel indiferencia,
tus ojos ni siquiera
voltearon hacia mí…

100 años-(cóver Corazón Attack).

 

En el marco del Día de los Abuelos y con el permiso de su sobrina Vero Montes, con todos los protocolos de salubridad, Réplica tuvo acceso al hogar de esta extraordinaria abuelita, quien comparte vivencias y risas.

 

La tía Mary nació en 1921, en la ciudad de Pachuca, aunque su acta de nacimiento data de 1922, año en que fue presentada por su madre ante el registro.

 

Hace unos días celebró su cumpleaños número 100, rodeada de sus seres queridos, de música y alegría. Un festejo que muy pocos logran y pueden contar.

 

Confiesa que le gusta el tequilita, porque cuando había fiesta en casa su mamá siempre pedía que trajeran una botella de tequila.

 

Y aunque nadie lo crea también se echa, si la ocasión lo amerita, un cigarrito o incluso un puro, ¿por qué no?

 

Sus ojos denotan la sabiduría adquirida a lo largo de todas estas décadas; experiencias y amores, algunos muy fugaces y otros que quedaron para siempre en la memoria.

 

A pesar de lo que podría pensarse, la tía Mary es lúcida y aunque la cámara la cohíbe al principio encuentra la anécdota para sonreír, porque es sobre todas las cosas una mujer feliz.

 

La tía Mary, una extraordinaria mujer que cumplió 100 años de existencia y felicidad, en Pachuca.

La tía Mary, una extraordinaria mujer que cumplió 100 años de existencia y felicidad, en Pachuca. Fotos/Video: Leonardo Moreno / Réplica.

 

UNA INFANCIA NORMAL, FELIZ, DICE LA TÍA MARY

 

Te vi sin que me vieras,
te hablé sin que me oyeras,
y toda mi amargura
se ahogó dentro de mí.

 

Nacida en Pachuca, rememora su infancia y juventud, de las que dice fueron tranquilas y normales; su madre tenía un negocio en el que desde pequeña tuvo que involucrarse para ayudar.

 

Ahí aprendió el valor del trabajo, porque la vida cuesta.

 

Dicharachera, bromista, doña Mary halla siempre el ángulo para el divertimento; “fui muy noviera”, reconoce, de eso se trata la vida: siempre hay que amar.

 

Alguna vez, como solía acostumbrarse antes, uno de esos novios se la robó, a la mala, por la fuerza, asevera; antes eran otros tiempos.

 

Sin enfermedades o padecimientos latentes, doña Mary siempre fue muy sana, lo sigue siendo, a tal grado que aún camina y dibuja, pintar es uno de sus grandes pasatiempos.

 

VISLUMBRAR EL FUTURO

 

Me duele hasta la vida
saber que me olvidaste,
pensar que ni desprecio
merezca yo de ti.

 

Así como recapitular o pensar en el futuro, porque la tía afirma que sin importar que haya cumplido ya 100 años, todavía quiere vivir por lo menos otros 20.

 

Cuando enviudó, cuenta su sobrina Vero, le preguntó: ¿y ahora que vamos a hacer tía Mary?, a lo que de inmediato respondió: pues yo no sé ustedes, pero yo a buscarme otro marido.

 

Estallan las carcajadas y esa chispa en el rostro de quien no luce como una persona de 100 años, sino de alguien que conserva ese ánimo de continuar “hasta que dios lo permita”.

 

Aquí puedes ver la entrevista con la tía Mary:

 

Por cierto que la tía Mary es muy religiosa, le gusta ver las misas en la tele y hasta hace muy poco todavía viajó a San Juan de los Lagos, ¡en autobús!, “para darle gracias a la virgencita”.

 

Regresa a las anécdotas, porque sobre todo le gusta platicar y convivir; “ya estoy retirada de todo mal”, afirma tras cuestionarla si aún quisiera un novio; pero ya no, eso ya no es para ella, sostiene.

 

Tendrían que llevarle dos muchachones de 50 años cada uno, para compensar; se refiere entre más risas.

 

EL PRETENDIENTE MARINERO

 

Y sin embargo sigues
unida a mi existencia
y si vivo cien años,
cien años pienso en ti.

 

Como en aquellas historias de los libros o de las películas, un marinero la pretendía, la conquistaba a través de cartas, aunque no sabía escribir muy bien, “me mandaba unas cartas muy bonitas y románticas”.

 

Pero se fue, jamás volvió a saber de él, sólo que la última vez navegaba por Salina Cruz; así es el mar, a veces una ola se lo lleva todo y nada regresa.

 

Y así como ese marinero, del que todavía guarda aquella correspondencia en algún lugar que ahora no recuerda, también se fue su único hijo. Un niño, dice, que no podía hablar bien y que vivió hasta los 32 años.

 

Parecería mentira que incluso con todos esos dolores esta extraordinaria mujer no guarde rencores a la vida, por el contrario, atesore la posibilidad de seguir cobijada por su familia.

 

Como sea, la tía Mary, doña María Montes Ramírez, vive ya también en nuestros corazones. No todos los días se tiene oportunidad de conocer a seres tan valiosos, destinados a vencer el tiempo… “hasta que dios lo permita, no más”.

 

Para leer otra vez: El Parián de Pachuca, ese espacio vivo para coleccionar (VIDEO)

 

Este reportaje se acompaña de la rola “Cien años”, en esta versión de la banda mexicana Corazon Attack, aquí la puedes escuchar mientras lees: