Crecen delitos y violencia durante la pandemia

0
358

Representa la actual pandemia de Covid-19 un cambio sustancial para el estilo de vida de los mexicanos, el virus es el mismo en todas las naciones que se enfrentan a él; sin embargo, la forma de abordar y atender la contingencia no, las soluciones corresponden a los recursos con los que cuente cada país, en este sentido algo pasa en México respecto a la delincuencia.

Pensar que los índices delictivos irán a la baja por la ausencia de personas en las calles, así como transportes públicos, es una mentira porque mientras el número de robos en la calle y a transeúntes disminuyen, las extorsiones y el abuso por internet van al alza. Como se sabe, la manera más eficaz para combatir este virus es el distanciamiento social, lo cual pone a prueba una aptitud necesaria: la adaptabilidad, que incluye a quienes viven de actividades ilícitas.

“Quienes viven de la delincuencia buscarán adaptarse y encontrar nuevas formas de llevar a cabo su ‘negocio’. Sin embargo, el delito de ocasión sí se verá reflejado a la baja. Por otro lado, el delito de violencia intrafamiliar sigue al alza, las víctimas fueron encerradas con sus victimarios y aún no tenemos albergues suficientes o una estrategia para atender esto”, explicó la Directora General de Fundación Reintegra, Jimena Cándano.

Te puede interesar: Coordinación con estados para poner alto a la extorsión 

Ante este escenario resulta complicado pensar que la cuarentena favorecerá a la seguridad en un país como México, pues mientras bajan los delitos en la calle, aumentan los que se producen en el mundo virtual, pero ¿por qué la violencia sigue ocurriendo aún en un contexto como este? Porque no es suceso aleatorio, es parte de una cultura de situaciones familiares, sociales, económicas y políticas envueltas dentro un sistema cultural que normaliza, además de promover el conflicto.

Las personas no cometen delitos por ser hombres, mujeres, niños, adolescentes o por pertenecer a una minoría étnica; tampoco porque se encuentran desempleados, por tener “malas calificaciones” en la escuela, por vivir en una vecindad, por haber tenido una madre fumadora o por tener un gen que lo hace propenso a la violencia.

Las causas reales, entre otras, son un sistema educativo ineficiente e incluso inexistente para algunas comunidades; la desigualdad económica y social; desintegración familiar, maternidades, así como paternidades forzadas o ausentes; corrupción; impunidad; sistemas penales poco eficientes; cultura de ilegalidad; normalización de la violencia; ausencia de políticas que garanticen las mismas oportunidades laborales y una sociedad indiferente que además es punitiva, la cual busca venganza en vez de justicia.