Culpables; Soberbias; ¡NO!

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Este martes 20 de octubre comienzan al seno del Poder Legislativo de Hidalgo las comparecencias de secretarios de gobierno, en el marco del informe de actividades del mandatario estatal Omar Fayad, el primero en acudir ante el pleno del Congreso local será el titular de la Secretaría de Gobierno, Simón Vargas, quien ya tiene dispuesto todo el material para dar respuesta ante los cuestionamientos de los legisladores locales que, según se anticipa, podrían subir de tono por parte de la bancada integrada por los morenistas, en particular por los famosos “dipuniversitarios”, quienes siguen buscando culpables del trabajo que ellos mismos no han hecho por andar en la polaca y en los jaloneos, además de lamentarse por la captura de su patrón.

Luego de la aplanadora que acabó con el llamado “efecto López Obrador” ayer en Hidalgo, las caras largas pululan al interior del Movimiento Regeneración Nacional, donde siguen tratando de hallarle tres pies al gato; sin embargo, la soberbia, las ínfulas de grandeza y, sobre todo, los pleitos internos terminaron por comprobar lo que ya se sabía desde hace rato, que sin verdadera unidad, por mucha confianza que exista en los nombres y las relaciones, no se alcanzan objetivos y menos aun cuando estos son más particulares que comunes. La presente elección, así como el proceso de campaña, debería bastarles a los morenistas del estado para comprender que los pleitos y las imposiciones siempre cobran factura.

De nada sirvieron las arengas del presidente Andrés Manuel López Obrador con respecto al suministro de vacunas contra la influenza durante la presente temporada, donde supuestamente no escasearían, pues resulta que, al menos en Hidalgo, en las clínicas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), prevalece la negativa para vacunar a las personas. Algunos replicantes informaron que este lunes al acudir al organismo para consultas la respuesta por parte del personal fue que sólo puede aplicarse dicha inoculación a personas adultas mayores. Incluso ante el caso de una persona familiar de un paciente oncológico la respuesta fue la misma: ¡NO! Lo malo es el silencio sepulcral que guarda el responsable del organismo ante las continuas quejas e inconformidades, no sólo sobre este particular, sino con respecto a muchos otros temas y señalamientos.