El maquinista, o el arte de vivir entre las vías del tren

Miguel lleva cuatro décadas dedicadas al oficio, por el que tuvo que dejar prácticamente a su mujer e hijos, pues es una labor que le demanda presencia, pero sobre todo amor
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Luego de 144 años de existencia del ferrocarril en Hidalgo, Replica conversó con Miguel Álvarez, conductor de uno de los trenes que cruzan por el Altiplano, quien señaló que ya cuenta con 40 años en el oficio de maquinista.

Comentó que el ferrocarril de Hidalgo fue concesionado por parte del ingeniero Gabriel Mancera, personaje reconocido y destacado en la entidad, además de que su papá se dedicó también a este oficio, siendo uno de los primeros conductores del tren que aún permanece vigente.

“Mi papá me decía que en aquel entonces se hacían recorridos de 232 kilómetros, únicamente se dividían en dos partes que era el ramal Ometusco-Pachuca y el ramal de México-Veracruz, y que fue hasta el año de 1882 cuando se integraron a los municipios de Apan, Pachuca y Tulancingo”, expuso don Miguel.

Narró que durante su infancia él viajaba con su señor padre en los recorridos que se solían hacer, los cuales estaban conformados ya por seis estaciones que eran: Apan, Cruz Azul, Tulancingo, Pachuca, Irolo y Ometusco.

  • IMPACTO EN LA MINERÍA

De igual manera comentó a este medio don Miguel Álvarez que el ferrocarril llegó a ser un medio seguro de transporte pues en él se llevaban barras de oro y plata hasta la capital hidalguense.

Además mencionó que por muchos años fue el transporte de los mineros, quienes se tenían que trasladar de su lugar de origen hacia el de trabajo, evitando así también a las famosas “conductas”, que era el nombre que se les solía dar a los jinetes armados dedicados al asalto de trenes.

Don Miguel expuso que es un hombre que ha dedicado su vida entera a este oficio, olvidando en ocasiones eventos importantes de su familia, como son cumpleaños, aniversario de bodas, entre muchos otros con el objetivo de no faltar a sus labores.

“La verdad es que el ser maquinista me ha llenado de orgullo y satisfacción pues prácticamente los hombres de mi familia nos hemos dedicado a este grandioso oficio”, indicó Miguel con orgullo por lo que hace.

De igual manera mencionó que el riesgo que hoy en día implica esta labor es alto, pues la delincuencia en los trenes ha crecido, a pesar de que ya no transportan personas, sino materiales de diversas empresas.

Añadió que el estar manejando un tren lo hace grande y sobre todo le ayuda a no pensar que ha perdido a su esposa e hijos, quienes no toleraron la idea de que él se dedicara a esto y que sólo tuviera tiempo unos días para verlos.

“El ser chofer de tren es muy bonito, pero me ha dejado muchas experiencias que en algún momento dado me han llevado a pensar en dejar de serlo para enfocarme los pocos años de vida que me queden a viajar o ver la posibilidad de recuperar el tiempo perdido con mi familia”, narró con lágrimas en los ojos Miguel, quien a pesar de todo debe regresar a su máquina y seguir un camino que quién sabe cuándo y dónde concluirá.

Mientras tanto el silbato suena para recordar que el tren, al menos en estos lares, todavía es digno personaje de distintas historias que es necesario contar, pues por estas vías han pasado toda clase de cosas.

kgm