Triste y gris Día de Muertos; un panteón solitario ante la pandemia (VIDEO)

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Cuando me muera y me tengan que enterrar
quiero que sea con una de tus fotografías,
para que no me de miedo estar abajo,
para que no se me olvide cómo es tu cara,
para imaginar que estoy contigo
y sentirme un poquito vivo…

“Mátenme porque me muero”.

Caifanes

Si lo piensas bien, caminamos sobre millones de muertos, sobre sus restos, por encima de sus huesos. Este oficio es difícil, el de andar entre las tumbas sin pretender perturbar la paz de los sepulcros, sin otra pretensión que la de velarles el sueño eterno.

Y a veces, cuando el silencio es cortado por el agudo filo del viento, puedes escuchar ese susurro, apenas un hilillo, que da cuenta del pasado y del porvenir… porque al final todos caminamos hacia el mismo rumbo, porque al final la tierra llama… estamos hoy aquí, en el sendero de la muerte, con el gozo de la vida, la que nos quede.

Hoy son ellos… quienes caminan entre nosotros. Esta noche vuelven.

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Pero en esta ocasión las celebraciones fueron distintas, este fin de semana no se observaron las tradicionales presencias de familias enteras acudiendo a los panteones para llevar comida, música y alegría a las tumbas de los seres queridos. Este Día de Muertos fue distinto, derivado de la pandemia que golpea al mundo y que, particularmente, cobró muchas vidas a lo largo de este año que casi concluye.

A pesar de todo, Réplica logró el acceso al camposanto para dar cuenta de lo que acontece al interior, donde la paz, la calma de las criptas prevalece, pero donde sigue vivo el recuerdo, para rememorar a los seres que ya no están con nosotros y para honrar también a quienes partieron por la enfermedad.

Por primera vez en su historia el Panteón Municipal de Pachuca, como consecuencia del Covid-19 y de las medidas sanitarias establecidas para evitar más contagios, cerró sus puertas e impidió las aglomeraciones.

Mátenme porque me muero,
mátenme porque no puedo,
mátenme porque me muero,
mátenme porque no puedo…

DE LOS HECHOS NARRADOS AL INTERIOR

Hay que temerle a los vivos, los muertos ya descansan y no hacen nada, afirma Samuel Álvarez Vite, cuidador del Panteón Municipal de Pachuca, quien abrió las puertas del cementerio para compartir su experiencia en el marco de una de las celebraciones más importantes para el pueblo de México y, por supuesto para Hidalgo, donde las ofrendas, el incienso y las luces de las velas o veladoras este año no pudieron apreciarse en su esplendor.

Samuel nos acompaña por el camino principal y, mientras subimos hacia el centro del camposanto, cuenta que en sus más de 15 años en dicha tarea le ha tocado ver o escuchar cosas muy raras, pero para él siempre es preferible buscar una explicación lógica, ponderar a la razón por encima de cualquier superstición.

“Una vez oímos ruidos raros, cerca de una tumba donde habían enterrado a un niño se oía como que alguien estaba chillando; de lejos se oía clarito cómo lloraba alguien, un niño, y conforme me acercaba más a la tumba el ruido era mucho más claro, era tarde y había viento, pero no sentí miedo. Al final ubiqué de dónde provenía el ruido: en uno de los bordes del sepulcro sobresalía una varilla donde alguien amarró un listón que, con el aire, generaba un silbido muy similar al llanto”, parece espeluznante, pero todo tiene explicación, afirma Samuel.

En otra ocasión, ya entrada la noche, uno de sus compañeros y él escucharon pasos, habían pasado varias horas desde el cierre del lugar; decidieron ver qué ocurría. Los perros, varios que suelen vivir dentro del cementerio y que son fieles acompañantes, comenzaron a ladrar y descubrieron la presencia de dos personas, “eran unos malandrines que andaba buscando la policía y que se brincaron la barda para intentar esconderse en el panteón. Todo esto se llenó de policías, camionetas y motos anduvieron buen rato buscándolos hasta que los encontraron y se los llevaron”.

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Por eso insiste en que el velador debe cuidarse más de los vivos; “se meten a robar en las tumbas, sí es complicado porque luego quieren robar alguna capilla, es más ese miedo, lo otro son puras leyendas”.

Narra además que por lo regular en Día de Muertos, los otros años, también les tocó ver cosas chuscas. “El panteón se llenaba de gente, venían algunos hasta con mariachis para visitar las tumbas de sus muertos, ahí comían y bebían, luego ya cuando cerrábamos, después de que supuestamente ya se habían ido todos, no faltaba el borrachito que de repente aparecía para decirnos que se había quedado dormido y que lo dejáramos salir”; así es este negocio, donde en ocasiones convive el dolor con el humor, porque a fin de cuentas el mexicano, el hidalguense, es alegre.

Esta enfermedad es incurable,
esta enfermedad ni con un Valium… ¡no!

LA PANDEMIA QUE LO CAMBIÓ TODO

Dice Samuel que la pandemia de coronavirus fue determinante, como en otros muchos rubros y casos, para establecer el cierre temporal; “hay que cumplir con todas las medidas, constantemente hay que estarse desinfectando, usar el cubrebocas, pero es un trabajo normal… se siente uno a gusto de estar acá”.

Confirma que la cremación de cuerpos incrementó de manera considerable, pues ahora la mayoría de restos que llega debe pasar por ese proceso, pues son evidentes los contagios y sus secuelas.

El viento sopla, como si algo anunciara. De pronto “Negro”, uno de los perros más fieles y que siempre acompaña al cuidador, se eriza, para las orejas y pega la carrera… a lo lejos los otros canes comienzan a aullar, pero Samuel dice que no hay nada que temer.

Muestra el sitio, de reciente creación, que ahora sirve para el depósito de las urnas que contienen las cenizas, lo que da cuenta y fe del dicho: “aumentaron este año mucho las cremaciones, por la enfermedad. Así como llegan los cuerpos van al crematorio”.

Cenizas somos.

Cuando me muera y me tengan que enterrar
quiero que sea con dulces y no con piedras,
por si alguna vez me buscas,
estaré eternamente lejos,
como para darte sólo flores,
te guardare mil estrellas.

LA LEYENDA DEL INSEPULTO QUE “VOMITÓ” LA TIERRA

“Allá arriba en el cerro –señala con su mano Samuel– está la capilla de San Bartolo, se dice que esa capilla fue construida porque aquí en el panteón vinieron a sepultar a un joven que mató a sus papás… lo sepultaron, al siguiente día vienen a ver la tumba y el cuerpo estaba de fuera, vuelven a sepultarlo y al siguiente día lo vuelven a encontrar de fuera… la gente determinó que el panteón no lo aceptaba por el daño que había ocasionado, entonces se dice que los restos fueron sepultados allá arriba, en la capilla y que siguen ahí”.

Tierra santa por la que navega la memoria, sabia tierra que habrá de abrazarnos a todos algún día; mientras tanto, la dejamos en paz… que los muertos duerman luego de la visita anual, ahí donde entre fotos y manjares de los altares se reflejan; colores y formas, gustos, aromas, todo eso que brinda identidad.

Este año la cosa fue distinta, pero el oficio sigue siendo el mismo: cuidar a los muertos y, al tiempo, cuidarse de los vivos.

Las puertas se cierran una vez más. El polvo al polvo. Ahora dejemos descansar.

Aquí puedes ver la entrevista a Samuel Álvarez, cuidador del cementerio de Pachuca: